La vulva puede verse afectada por distintos procesos inflamatorios crónicos, infecciones, alteraciones dermatológicas, cambios hormonales o incluso lesiones premalignas que requieren una valoración médica especializada. Se trata de una zona especialmente sensible, tanto física como emocionalmente, por lo que cualquier síntoma persistente debe ser evaluado de forma adecuada.
Molestias como picor mantenido en el tiempo, escozor, dolor durante las relaciones, cambios en la textura o coloración de la piel, aparición de lesiones o grietas no deben considerarse normales. Muchas veces estas alteraciones se cronifican por falta de diagnóstico preciso o por tratamientos inadecuados.
En consulta se realiza una exploración detallada y respetuosa, pudiendo apoyarse en técnicas específicas si es necesario para diferenciar entre procesos inflamatorios, infecciosos, dermatológicos o lesiones que requieran estudio más avanzado. El objetivo es identificar correctamente la causa del problema y evitar tratamientos empíricos repetidos sin resultado.
Una vez establecido el diagnóstico, se pauta un tratamiento individualizado y se programa el seguimiento correspondiente para controlar la evolución, prevenir recaídas y mantener la salud vulvar a largo plazo. La detección precoz y el abordaje especializado son fundamentales para evitar complicaciones futuras.
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